La gira de «Songs for Eternity», un concierto de músicas que sobrevivieron a los campos de concentración nazis, comenzó en Nueva York con un violín que sonó en Auschwitz y seguirá luego por Italia y otros países.
La voz extraordinaria de Ute Lemper volvió a dar vida, en el Center for Jewish Studies neoyorquino, a Ilse Weber, deportada a Theresienstadt que voluntariamente fue a la cámara de gas cantando una canción de cuna con tal de no abandonar a los niños que le habían sido confiados.
El espectáculo revive también a Willy Rosen, que en el campo de Westerbork reunió «el mejor cabaret de Holanda» antes de ser deportado a Auschwitz durante la «solución final».
Producida por el grupo Last Musik, el concierto es fruto del trabajo del pianista y musicólogo italiano Francesco Lotoro.
Ocho mil partituras de música de cámara, para orquesta, cabaret, jazz, folk, religiosa y tradicional, escritas donde se podía -enfermerías, en papel higiénico o tela, hasta sobre hierba seca- por 2.700 compositores y más de 12.500 documentos que descifrar: todo está reunido en la casa de Lotoro en una auténtica carrera contra el tiempo para salvar la música compuesta por los prisioneros en los campos de concentración.
Con la iniciativa «adopta una partitura», que acompaña a los espectáculos, Last Musik se propone apoyar al musicólogo en su intento de conservar ese patrimonio.
Después de Nueva York la gira sigue el 18 y 19 de abril en Mantova, en la Sinagoga Norsa Torrazzo y el teatro Bibiena, para luego seguir a Dachau.
Acompaña el viaje de «Songs for Eternity» un violín de fines del siglo XIX que el coleccionista milanés Carlo Alberto Carutti descubrió en un anticuario de Turín: decorado con una estrella de David de nácar engarzado, en el interior contiene un «mensaje en una botella», un papel con las palabras «Der Musik Macht Frei», la música nos hace libres.
Debajo hay un pentagrama, con las notas de un canon invertido y números, con un alambre de púas por encima. Carutti remitió esos números a la secuencia marcado en el brazo de un joven turinés, Enzo Levy, deportado a Auschwitz con su hermana Eva María, una violinista de 22 años.
El violín es el de Eva María, que se suicidó lanzándose contra el alambre de púas después de cuatro meses en el campo de concentración. El mismo que Enzo, superviviente, llevó a Italia a su regreso, para suicidarse también algunos años después.
Melodías más fuertes que Holocausto
13/Abr/2016
Ansa Latina- Alessandra Baldini